«Estamos ante un poeta de estupenda mirada interior y el libro nos presenta una capacidad inmensa de imaginación. Hay en estos poemas un despliegue descriptivo de categorías con un lenguaje en el que la metáfora nace de la misma vida. El poeta tiene una sensibilidad especial en la musicalidad del verso. No se conforma con narrar o descubrir. Sabe conferir al verso un ritmo y una melodía espontánea. Lo cual crea a lo largo de la lectura un clima poético sin interrupción. Un libro ejemplar y denso. Inolvidable».
Uno de los dos mejores libros de poesía del año
(Revista El Ciervo, diciembre 1994).
«Me quedo con dos libros de poemas, Las palomas mensajeras sólo saben volver, de Alejandro Céspedes (Hiperión), obra tan bella como su título en la que su autor, mostrando una notable evolución formal respecto a otros títulos suyos anteriores, poetiza sobre los territorios de la memoria, a los que Céspedes no puede evitar volver con nostalgia y dolor, y para acabar, con Habitaciones separadas, de L. García Montero».
Luis Fernández Zaurín
«Las palomas mensajeras sólo saben volver nos invita a adentrarnos en una geografía del dolor. Un libro de una sobriedad punzante. Libro minado todo él por las palabras memoria, recuerdo, tiempo, nostalgia, palabras mayúsculas, pero también terribles del idioma en un libro que rezuma la belleza de lo inquietante. Alejandro Céspedes es un poeta que, al menos en lo literario, nació sin ingenuidades.
No hay tregua en la poesía de Alejandro Céspedes, no hay verso, poema ni libro que no exhale la firmeza, que no tenga esa altura que hay quien llama sobriedad pero creo que es intensidad».
Pedro Flores
«En 1994 Alejandro Céspedes obtiene, con Las palomas mensajeras sólo saben volver, el premio Hiperión de Poesía. El desengaño continúa marcando, en este nuevo trabajo, el tono poético, aunque ya se aprecia una notable evolución formal (que continuará en su obra posterior) y una madurez expresiva puesta al servicio, una vez más, de su singular percepción de la condición humana.
La muerte adquiere, en Las palomas..., el rostro apenas esbozado del SIDA. Aunque no hay una referencia explícita, la crítica señala que la “savia contagiosa” remite a dicha enfermedad. Aquí la poesía de Céspedes adquiere un tono elegíaco, no sólo por la expresión del dolor ante la pérdida, sino también como reflexión sobre el antes mencionado aspecto trágico de la vida. No se percibe una búsqueda de consuelo en su escritura; hay, sin embargo, una actitud de aniquilada rebeldía al romper el silencio acerca de la marginación social que circunda a la enfermedad. Es interesante notar que la poesía, entonces, ella misma como género marginado en el campo cultural a finales del siglo veinte, ofrece la alternativa de socavar y subvertir cierto pensamiento de carácter moral y adquiere una expresión libremente intransferible que le permitirá revelar y reconstruir una subjetividad prohibida».
Inés Ramón
(«LA POESÍA DE ALEJANDRO CÉSPEDES», Fundación alambique para la poesía. Rev. Alambique. Número 8. Nov 2013/abril 2014
Rafael Alfaro; Imaginación de los recuerdos; Revista Reseña, julio, 1995
Luis Fernández Zaurín; El ciervo, diciembre, 1994.
Vicente Presa; Sur Madrid, octubre, 1994.
Víctor García de la Concha; ABC Cultural, julio, 1994.
J.O. La Gaceta Universitaria; octubre, 1994.
Diario de Mallorca, 3 de diciembre, 1994.
Susana Moreno; El País, diciembre 1995.
El Comercio, 16 de marzo, 1994.
Gonzalo Botín; El País, 20 mayo de 1994.
Rosario Rey; Sur Madrid; entrevista.
Monserrat Garnacho; Suplemento Cultural La Nueva España; entrevista. 1ª
Monserrat Garnacho, Suplemento Cultural La Nueva España; entrevista. 2ª