Alejandro Céspedes
       Alejandro                                                   Céspedes                                                                                                                                                             

Ahora estreno fronteras

que limitan el radio de mis días.

Líneas sin luz, sin ser ni entendimiento

y sin poder de indulto ni condena.

Pero existen

y son en su desprecio más constantes.

 

No existe más amor que el imposible.

Y es fácil distinguirlo.

No se olvida.

Lo han leído y ...

 

    “Poeta melancólico y elegíaco, Alejandro Céspedes, está en la mejor tradición de la poesía española que viene del 27, pasa por Cántico y por algunos poetas del 50, como Brines o Rodríguez y que continuó en lo mejor de la generación del 70 y los postnovísimos. Poeta de profunda dicción que vive el tiempo y el amor como una perdida continua, intimista, meditativo, equidistante por igual de los llamados poetas de la experiencia y del postclacisismo de los años ochenta, Alejandro Céspedes es un poeta que habla del contenido de su corazón y aspira a que su corazón contenga todos los corazones.

    Una obra cuidada de lenguaje que no desdeña a veces la sentimentalidad, pero que no olvida nunca el cuidado del lenguaje y el papel imprescindible de la imaginación en el hecho poético”.

José Infante



 

  La publicación, en 1985, de James Dean, amor que me prohíbes, su primer libro, mostró ya a un poeta maduro, empeñado en construir textos basados en una memoria íntima activada a partir de referentes culturales filtrados por la experiencia.

 

    Poesía en la que el lenguaje está al servicio de un poderoso núcleo emocional y de una permanente lucha por afirmarlo. En esta obra se ve la voluntad de su autor por afinar al máximo su emocionada (y honda) poesía de antes para el lector de hoy".

 

El País; Manuel Rico

 





 

 

    “Han pasado diez años de silencio editorial hasta encontrarnos con 'Sobre andamios de humo' que recoge toda su obra poética publicada hasta la fecha, permitiendo así al lector que no lo hubiera leído antes, apreciar la voz de uno de los poetas más hondos, lúcidos y fiel a sus convicciones de la actual poesía de nuestro país.

 

    Céspedes posee ese don imprescindible para un poeta, una voz intensa y personal, que encuentra dentro de sí el asunto de sus meditaciones, porque siguiendo a San Agustín, piensa que 'el más firme conocimiento del saber se encuentra en la propia alma.

 

    Alejandro Céspedes, poeta lo suficientemente sensato para considerar al lector, gracias a la ficción verosímil, ese cómplice necesario de su aventura vital que sienta como suyos el dolor o la alegría, la paz o el desasosiego. Su exploración de la realidad es, de alguna manera, también la nuestra”.

 

Carlos Alcorta

 



Reseñas completas

Estudio de la poesía reunida de Alejandro Céspedes, por Antonio Daganzo
ANTONIO DAGANZO -ALEJANDRO CÉSPEDES - E[...]
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Y qué

             si me alimento de los muertos

que poblaron mi infancia, mitos rancios

corriendo por los sueños a escondidas

de padres y de amigos,

                                        y hasta a veces de mí

cuando ya no quedaban artimañas

para tener en pie las fantasías.  

 

Y qué

            si no soporto esta casa nueva

en la que habitan muertos verdaderos,

padres, hermanos, sórdidos ronquidos

que hieren mortalmente a los fantasmas

que, a fuerza de rezar la noche entera,

consigo que revivan de las revistas porno.

 

Y qué

            si se me antojan las paredes

revestidas de cuerpos tan desnudos

como mi desazón por no poderlos

amar ni sobre el clímax del insomnio.

 

Y qué

            si sueño a veces

con que los basureros,

adornados con flores de hojalata,

recogen los deseos de las bolsas de plástico

y los devuelven íntegros, cumplidos

a sus dueños

y me los traen aquí,

por la ventana abierta,

desnudos como muertos que han bebido

de golpe el alcanfor de mi nostalgia.

 

Y qué

            si  ya prefiero esa blancura

de la piel de un cadáver en mis manos

antes que disfrazarme ante los otros

de lo que ellos quieren que yo sea.

 

Y qué

            si necesito unos retretes,

una estación, un parque,

la esquina de una noche,

                                            un cuarto oscuro

donde acudan en busca de trofeos

otro adolescentes engañados.

 

Y qué

           si sólo tengo esta ventana

para mirar un mundo prohibido

que está latiendo siempre en otras manos,

en las sombras que buscan tras las tapias

fundirse sus volúmenes,

en los rastros blancuzcos que entre los soportales

proclaman que la urgencia pudo más que el amor,

que este amor que me agota y que se agota

en las fotos pegadas por el uso

a la siguiente página.

 

Y qué

           si ya no puedo soportarlo.

Si cansado de amar a fotos muertas

introduzco mi aliento en una bolsa

de plástico y aspiro el pegamento,

y en esta irrealidad que me deslumbra

y pone mi cerebro en cuarentena

aprendo a fecundar a los fantasmas

con los que he de vivir

en esta casa nueva, llena, estéril.



                    un ojo cerrado

será una entrada

                    un ojo cerrado

mirará por su ojo

 

y verá soledad

entonces la soledad

                    será el objeto

de la mirada

  y la mirada

en esa frase sin sujeto

se mueve en el espacio

de la pérdida

 

¿quién fingirá después

que sabe cómo ahogarse?







 

alguien escribe que todo es descriptivo

y se reduce a un número finito la posibilidad

de la escritura

                             lo in omp eto

sólo ahí podemos encontrarnos lo que falta

nos nombra nos despierta

a observar lo indispensable

a descifrar aquello que está

                                     ausente

se puede abrir un ojo

su dirección explicará el final pero no sabe

dar testimonio del origen

 





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