LO HAN LEÍDO Y HAN DICHO
«Taller de relojería representa una intensificación del pensamiento poético, una culminación y una depuración. La variedad de registros —del tono ensayístico al visionario, de la ironía a la elegía— se integra en una arquitectura más rigurosa y conceptualmente cohesionada. […] En un contexto cultural donde la simplificación y el consumo rápido de emociones dominan el panorama, Taller de relojería se impone como una obra de alta exigencia intelectual, lo que convierte este libro en una de las propuestas más sólidas y necesarias de la trayectoria de Céspedes».
José Luis Nieto (Entreletras)
«A lo largo de cuatro décadas, la crítica no ha ahorrado elogios a cada nuevo libro de este autor hasta situarlo en el lugar preeminente que ocupa en la poesía española. Este libro profundiza en una escritura que formula el poema como espacio de reflexión, responsabilidad ética y confrontación con aquello que el presente se obceca en simplificar. […] Uno de los rasgos más sobresalientes de Céspedes es la extraordinaria variedad de registros que tiene esta voz tan singular: La coherencia y honestidad de esta obra confirman a Alejandro Céspedes como una voz sólida e imprescindible de la poesía contemporánea por su capacidad para crear un discurso riguroso, dilatado en el tiempo, que no entiende la poesía como refugio ni ornamento, sino como una forma activa de conocimiento y resistencia frente al mundo».
Inés Ramón (El Comercio)
«Lo más potente de Taller de relojería es su lucidez desbordante y la forma en que Alejandro Céspedes se consolida una vez más como poeta referencial: su capacidad para construir un universo de imágenes y símbolos propios que permanecen en la conciencia del lector como un sistema de resonancias visuales desde el que se interrogan los enigmas de la existencia. El libro es un campo sembrado de metáforas que estallan en los ojos como granadas de racimo».
Beatriz Russo (Zenda Libros)
«En esta nueva entrega, Alejandro Céspedes convierte la metáfora artesanal en una hipótesis ontológica: si el mundo comparece astillado, la conciencia sólo puede operar por fragmentos. El poema se vuelve, entonces, instrumento de precisión para interrogar la idea misma de totalidad. Cada texto actúa como pieza examinada bajo una lupa moral que revela fisuras. La fragmentación es condición de la experiencia. La memoria irrumpe como resto; el dolor, como estructura; el tiempo, como desgaste. El libro avanza sometiendo a prueba la confianza en cualquier engranaje simbólico. Hay un trasfondo nihilista, aunque despojado de retórica: más que proclamar el vacío, lo analiza».
Jorge de Arco (Piedra del Molino)
SINOPSIS DE LA OBRA
Dijo Francis Ponge que el mundo, desde que existe, nunca funcionó tan mal: el artista debe convertirse en un mecánico, abrir un taller y reparar el mundo tal como le llega, por fragmentos; y no se debe considerar un mago, sino solo un relojero. Al poeta, como a todos, la vida le llega por fragmentos, pero también la emite por fragmentos. ¿Qué otra cosa es el poema?
En su primera parte, Taller de relojería (El relojero del mundo) parte de esa idea: el mundo no funciona de la forma correcta. Empieza con temas universales: la devastación, la guerra, la banalidad de la modernidad... Luego viaja en una constante tensión entre la individual incertidumbre y la aceptación del caos como algo inherente a la condición humana. Nos hace reflexionar sobre la dificultad para trascender las cicatrices del pasado y sobre cómo lo poético permite darles un nuevo significado. Inscrito en la tradición de la poesía reflexiva, explora las fracturas del espíritu: el dolor, la memoria, la pérdida, el individualismo, el sinsentido... Un poso nihilista recorre todo el libro. Dividido en fragmentos, tal y como pide Ponge, refleja la profunda naturaleza de la existencia misma, el absurdo de la actividad humana y la muerte como final.
En la segunda parte del libro, Cuerpos de Lewy (El relojero del ser), el texto aborda la complejidad de la memoria y el olvido en una persona enferma de Alzheimer, la lucha interna del ser humano con sus circunstancias y la búsqueda incesante del sentido de la vida, temas universales que resuenan con el lector. La obra explora, además, temas como la identidad, el envejecimiento, el pesimismo, la naturaleza de la realidad y la transitoriedad de la vida con un lenguaje introspectivo y reflexivo, invitando al lector a una contemplación profunda sobre su propia existencia.
Taller de relojería describe un mundo desarticulado que el arte, aunque limitado, intenta recomponer sin conseguirlo. Lo cual también deja al arte como actividad casi inútil. El libro transita por el camino del mal que habita el mundo, lo constata, tratará inútilmente de arreglarlo hasta llegar al final, donde por fin reconocerá que Francis Ponge estaba equivocado.